Recientemente, una delegación del Movimiento Tzuk Kim-pop y autoridades municipales, realizaron una visita de intercambio a las tierras andinas de Ayacucho, Perú. En el marco del proyecto Rax Ulew (Tierra Verde), con el respaldo de Terre des Hommes Alemania, el objetivo central fue analizar y aprender del modelo de Siembra y Cosecha de Agua de Lluvia (SCALL) para articular respuestas colectivas frente a la crisis hídrica que amenaza la vida en nuestras comunidades en Guatemala.
Este encuentro Maya-Quechua representó un espacio de afirmación política, defensa de los bienes naturales y descolonización del pensamiento entre pueblos originarios que comparten una historia de resistencia contra la represión y la exclusión estructural
La trayectoria de la Asociación Bartolomé Aripaylla ABA (Organización anfitriona), que trabaja con las comunidades ayacuchanas desde principios de la década de los 90, es un referente de resistencia y coherencia. Su labor ha demostrado que la respuesta a la escasez no debe venir de una visión puramente técnica o asistencialista, sino de un retorno a las raíces ancestrales y una relación simbiótica con la naturaleza. A través de un enfoque biocéntrico, ABA ha facilitado procesos donde la comunidad no extrae el “recurso”, sino que “cría” al agua como a una persona, garantizando la restauración de ecosistemas que antes se consideraban desérticos. Este reconocimiento social y político en el territorio peruano es fruto de un trabajo constante y de largo plazo que prioriza el saber originario.
El pilar técnico de esta experiencia es el modelo SCALL (Siembra y Cosecha de Agua de Lluvia), una propuesta de resiliencia hídrica que puede ser replicada en Guatemala para enfrentar el despojo y la contaminación de nuestras fuentes de agua. El aprendizaje fundamental del modelo SCALL es la prioridad de la infiltración sobre la retención superficial. En lugar de promover grandes infraestructuras de concreto que fragmentan el territorio, se impulsa la construcción de Quochas (jochas) (pequeñas, medianas y grandes lagunas) ubicadas en zonas estratégicas. Esta técnica utiliza materiales locales y permeables, como la arcilla gravosa, para permitir que el agua de lluvia penetre en el subsuelo y recargue los acuíferos. De esta manera, se reactivan los manantiales y se mantiene vivo el caudal de aguas abajo, incluso durante las sequías más prolongadas, fortaleciendo la soberanía alimentaria de las familias.
Este modelo técnico es inseparable de una gobernanza comunitaria fuerte y de una profunda integración biocultural. La experiencia en Ayacucho resalta que la gestión del agua es un ejercicio de poder local sostenido por asambleas generales y autoridades locales que coordinan trabajos colectivos o faenas. Además, la práctica de pedir permiso a la Madre Tierra y a los Cerros Tutelares antes de cualquier obra no es un acto simbólico, sino una declaración política de respeto y corresponsabilidad que asegura la sostenibilidad de las acciones en el tiempo.
Este intercambio reafirma que la defensa del territorio requiere de soluciones basadas en la naturaleza y en la autonomía de los pueblos. La siembra de agua, acompañada de la restauración de ecosistemas con especies nativas y la movilización social, representa una herramienta vital para reconstruir el tejido social y proteger la vida en el Altiplano Occidental frente a la amenaza de los modelos extractivistas.


















